Chila, mi mamá y yo nos encargábamos de hacer un sancocho de pescado para los borrachines de mis amigos, los cuales seguían durmiendo. Noté a mi madre mirar a cada rato por la ventana gigante de la cocina con vista a los establos donde dejaban los caballos, espera la llegada de los caballeros.
—¿Qué pasa mami?
Pelaba el ñame, ella lavaba las postas de pescado que se fritarían y luego echarlos a la sopa. Chila ya había montado la ollota con el agua del sancocho, yo me encargaba del bastimento.
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