Había vomitado de nuevo sangre, eso era bueno para mi vida, pero desagradable para mi garganta.
—Estoy bien. Algo me cayó mal.
Tomé papel, me limpié, bajé el escusado y no dejé rastro de sangre, debo lavarme la boca. Cuando salí Dylan se veía asustado, Betty con la cabeza gacha. Fui al lavado.
—No me dejaste hablar. Asumiste que era de Dylan.
—¿De qué m****a hablan? —tocó la frente—. Te ves pálida.
—Por un momento me emocioné con tener un ahijado.
—De mi parte no tendrás ninguno, del resto