—Abuela, Catalina es muy comprensiva, si a ella se le explica el motivo lo comprende. El problema es esa posición que optó de encerrarse y apenas escucha mi nombre, se pone como una cacatúa.
—También se transforma en tigresa, cocodrilo y tiburón. —sonreí.
—¿Se puede? —Megan ingresaba con dos tazas de café.
—Los dejo. —comentó mi abuela.
—¿Arreglaste la maleta? —me preguntó. Debía asistir a varias presentaciones, estaré unos seis días por fuera, viajando y viajando.
—Sí, tengo vuelo al mediodía