Sus miradas eran cálidas.
—Te queremos mucho. —dijo Paola. No los recuerdo, pero las personas que han llegado me inspiran confianza—. Nos vemos en la casa. Miré a la señora Samanta, ella se sentó a mi lado y acarició mi cabello.
—Paramos cuando quieras.
Afirmé, yo quería conocer a mi hija, no la recuerdo, pero siento que debo verla. Ahora ingresaron dos señoras.
—Hola, cariño. Soy Mary Taylor, tu suegra, la abuela de tus nietos. —Con temor a no lastimarme la pierna se acomodó a un lado y me dio