—Buenos días mi cielo.
Me había cubierto la cara ante el desparpajo de mi madre. Abrí un ojo, luego de sopetón abrí los dos y… ¿Esa era mi mamá? Ya no tenía esa cantidad de maquillaje, no estaba enfundada en esos trajes apretados que le forraban todo, tenía un vestido muy bonito, todo vaporosito.
—¿Mami?
—Ya lo sé.
Rafael se había retirado con los médicos, no sin antes percatarme que el madurito miró a mi madre de pies a cabeza, qué vergüenza.
» Anoche, cuando tú me dijiste todo eso, pensé much