Cecilia literal me iba a volver loco, puede decir lo que sea, pero esa mirada la conocía. Solté un suspiro, había dejado el morral en la habitación y me vine al quiosco a meterme en la hamaca.
—¿Qué pasa muchacho? —El abuelo Henrry venía con un taburete en la mano y en la otra un pocillo de café—. ¿Puedo ayudarte?
—Soy consciente del error que cometí con Cecilia…
—Un error garrafal hijo, no fue cualquier plantada a comer helado. Le dijiste en su cara; ya no me importas, le dejaste en claro qu