Narra Alexander
El parpadeo del temporizador en mi terminal de titanio teñía de rojo el cristal empañado del blindado. No era solo una cuenta regresiva: era el pulso exacto de la dinastía intentando borrarme del mapa financiero de Europa.
A mi lado, la respiración de Amelia apenas se percibía. Un hilo frío, calculado. La reina de las fundaciones Montgomery estaba reorganizando el desastre con la misma precisión con la que yo desmantelaba imperios.
El vestido sastre negro que llevaba aún mostraba