Narra: Alexander
El estuario del Támesis se transformó en un embudo de neblina grisácea, densa y helada que devoraba la silueta de los muelles comerciales a medida que el interceptor de fibra de carbono perforaba la noche a más de cuarenta y cinco nudos de velocidad perimetral. A través del parabrisas reforzado de la cabina táctica, las luces de la City de Londres se redujeron a un parpadeo distante, una corona moribunda que dejábamos atrás en el umbral de nuestra cacería internacional de alta