Nicolás
—Buenas tardes, señor Ponzio —me saluda mi hombre al llegar a la mansión.
—Vamos a mi oficina —le informo luego de dejar mi saco con la empleada, al entrar en mi despacho tomo asiento en mi sillón y él se queda parado delante mío.
—¡Ya está hecho, señor!
—Muy bien, no esperaba menos de ti ¿Ya la trajeron?
—Así es señor, se encuentra en al sótano, está bien cuidada y como usted ordenó, no se le tocó un cabello, pero hay un problema.
—Antes que me des las malas noticias ¿Martin vino con