Elizabeth
Unos minutos antes, Elizabeth había oído el inconfundible rugido de la moto de John resonando en la avenida florida.
Pero esta vez no corrió a recibirlo con todas las luces encendidas y esperándolo en la entrada. Caminaba despacio, casi arrastrándose hacia su prisión de cristal.
Fue entonces cuando lo vio en la gran terraza y se detuvo. Y, incluso a distancia, sus miradas se cruzaron. Una mirada larga, cargada de todo lo que ninguno de los dos podía, o quería, decir. Cada uno inmerso en sus propios conflictos.
Fue John quien desvió la mirada primero. Respiró hondo, apretó los labios y entró en la casa .
Elizabeth soltó un profundo suspiro y continuó su camino, arrastrando consigo el dolor y el peso del silencio.
Al entrar, lo encontró en la sala, en la suave penumbra de algunas luces indirectas. John estaba de pie, cerca de la barra, sosteniendo un vaso de whisky. Tenía los hombros tensos y la mirada... perdida.
Elizabeth se detuvo unos segundos, indecisa. Él solo la observab