John
John condujo sin rumbo fijo durante un rato.
Por distracción, casi se saltó un semáforo en rojo y, en otro momento, casi chocó con un coche que tenía delante.
«Maldición».
Decidió ir a casa de sus padres, ya que hacía dos meses que se había casado y aún no los había visitado.
Al entrar en el comedor, encontró a sus padres desayunando.
La sorpresa de Martha fue inmediata.
—John, querido. ¡Qué sorpresa! —dijo su madre, visiblemente feliz de ver a su hijo.
—Buenos días, mamá —dijo él, besando con cariño la frente de Martha.
—Buenos días, papá —se limitó a mirar a su padre y saludarlo con la mano.
John se sentó a la mesa junto a su madre.
—¿Vas a desayunar con nosotros? —preguntó Martha.
Marthe hizo una señal con la mano al mayordomo, que salió rápidamente y regresó con un juego de pyrex y taza que colocó frente a John.
—¿No has desayunado en casa? No me digas que esa chica no hace nada —dijo Martha con tono de reproche.
—Salí temprano a dar una vuelta en moto —mintió sin mirar a su m