CAPITULO SETENTA Y SEIS
Emily apenas se recuperó y abrió sus ojos, quiso ir en busca de su marido. Algo le decía que todo se iba a ir al carajo, por eso movió las sábanas y se sacó el suero intravenoso que su piel sangro.
—Calma Emi. Debes descansar —le pidió Adele tratando de calmar a su amiga.
—No puedo… quiero ver a Aiden. Quiero verlo, Ad.
Adele frunció la frente y miró mal a su amiga.
—Ese imbécil nunca apareció en toda la noche —espetó la alemana enojada—. Jamás se preocupó por ti ni siqu