CAPÍTULO DOSCIENTOS DOS
Aiden volvió a prender el vehículo, el motor rugió, anduvo un kilómetro aproximadamente y el guardia del condominio abrió el gran portón para que el Maserati gris entrara.
Serpenteó algunas calles de concreto, las veredas estaban iluminadas por grandes faroles y Emily vio que solo un par de vecinos estaban haciendo ejercicio en la plaza principal, y otros paseaban a sus mascotas, que al ver a un perro de raza siberiano recordó la primera vez que ella fue a la casa de los