CAPÍTULO DOSCIENTOS UNO
Emily se mantuvo en silencio todo el camino. Solo la música de la radio amortiguaba sus malos presentimientos. No sabía porque, pero tenía una corazonada de que alguien la estaba observando. El estómago lo tenía revuelto, como si de un nudo se tratara, y no dejaba de pellizcarse la piel del dorso de sus manos. Odiaba esa sensación de paranoia.
Aiden la miró de reojos y supo que estaba nerviosa, pero lo atribuía a que Emily debía enfrentarse a Nate, quizás eso la tenía