CAPÍTULO DOSCIENTOS DIECINUEVE
El joven empresario bufó y Emily se separó del cuerpo de su marido.
Ella se limpió las lágrimas rebeldes que rodaron por sus mejillas rojas y Aiden sacó su celular del bolsillo de su pantalón y se fijó en la pantalla que quien llamaba era un número desconocido, por lo que contestó de inmediato, ya que últimamente todas las noticias e informes venían de números de teléfonos que él no tenía agendado en su celular.
—¿Bueno? —preguntó Aiden en un tono un tanto carga