CAPÍTULO DOSCIENTOS VEINTE
A la mañana siguiente Emily y Aiden ya estaban en la oficina del fiscal a la hora justa.
Los jóvenes estaban tensos y nerviosos, ya que podían presentir de quien se trataba. No era sorpresa para nadie que todo apuntaba a una sola persona, pero el confirmarlo solo lo hacía peor.
El fiscal Cooper salió de su oficina central y les pidió que los acompañara hasta el fondo del pasillo, luego tomaron un ascensor, y finalmente bajaron a un subterráneo oscuro, frio y desolado.