Un Monólogo innecesario...
-Thomas Scott Soré-
Salí de esa maldita habitación, mientras Alma me llamaba, quería que lo hiciera y corriera tras de mí, pero eso jamás pasó. En cambio, la vi de la mano de ese imbécil que le daba pequeños cariños y besos en su carita para calmarla y ella, la muy idiota se deja, es que, ¡diablos! ¿Ella era tan fácil para caer en las redes de ese idiota?
Esta no era mí Alma, no era la chica de la cual me enamoré, ella reía solo conmigo y mis hermanos, ella era... era... era mía y ese maldito