Luego de otros días más, los D’Angelo ya habían regresado a Lazio; Luciano, Amelia y sus hijos vivían una vida tranquila, mientras que las cosas poco a poco se iban acomodando para toda aquella familia.
Una noche cualquiera, mientras Luciano revisaba algunos pendientes en su estudio, su móvil comienza a vibrar. Al levantarlo y ver el contacto, se percata de que se trata de Moretti, quien difícilmente hacía llamadas, por lo que no dudó ni un segundo en responder.
—Luciano… ¿Puedes hablar? —pregun