Una noche cualquiera, mientras todos en la casa de Gaeta dormían, la pequeña Vanesa dormía plácidamente hasta que siente que alguien la toma del brazo y la jala. Ella siente un dolor fuerte en su bracito, mira bien a la mujer que la lleva y recuerda que es su cuidadora en el internado.
La mujer era seria y su rostro ya estaba lleno de arrugas; la niña, aunque intenta forcejear, no puede zafarse, tal como siempre fue. Esta mujer la lleva a un cuarto oscuro lleno de trebejos; ella grita aterroriza