Tras varios minutos de camino, Luciano llegó a lo que era un edificio abandonado. Él sabía que, una vez que se presentara ante todos aquellos mafiosos, no había vuelta de hoja, su vida no volvería a ser igual.
Hasta el momento, Luciano había sido un colaborador sin rostro y silencioso, pero a partir de ahora, ya no habría terceros, solo sería él y su apellido.
—Benvenuto. Sei il nipote di un uomo che non si dimentica. —dijo un hombre ya entrado en años al verlo.
—¡Gracias por aún recordar a mi a