—¡Ah, mierda! —no pudo evitar maldecir Monique mientras se incorporaba lentamente de la cama, sintiendo un leve malestar en su intimidad. Intentó no moverse demasiado, porque cualquier pequeño movimiento le provocaba un pinchazo.
Parecía que ella y su esposo se habían dejado llevar un poco demasiado con su pasión, y las sensaciones estaban pasando factura.
Esa mañana había sido inolvidable para Monique. Finalmente se había entregado a su esposo, Joshua, después de años de espera. Parecía que él