La camioneta blindada se detuvo frente a una clínica privada en las afueras de la provincia, un lugar discreto donde el dinero de los Greco ya había pavimentado el camino para una atención sin preguntas. El motor quedó encendido, vibrando como un animal nervioso en la oscuridad de la madrugada. Yo bajé casi sin esperar a que el vehículo se detuviera por completo, rodeando la carrocería para abrir la puerta de Cianna.
—Dámelo —dije, extendiendo los brazos hacia Ethan.
Cianna me entregó al niño c