51
~ El punto de vista de Isabella
Admiré cómo la luz caía sobre su rostro, resaltando las líneas marcadas de su mandíbula y la determinación de su mirada. Era fascinante verlo así, tan concentrado.
Sin darme cuenta, el relajante sonido de su pluma deslizándose sobre el papel y el suave crujido de los documentos me arrullaron hasta un estado de bienestar. No me había dado cuenta de lo cansada que estaba hasta que me pesaban los párpados. El calor de la habitación, combinado con el ritmo constante de su trabajo, era casi hipnótico.
Finalmente, me quedé dormida, con la cabeza apoyada en el respaldo de la silla. Lo último que recuerdo fue ver el rostro concentrado de Lucian antes de sucumbir al apacible abrazo del sueño.
Cuando finalmente desperté, la oficina estaba bañada por una luz dorada. Parpadeé un par de veces, desorientada, y me di cuenta de que me había quedado dormida un buen rato. Lucian seguía en su escritorio, pero ahora estaba en una llamada, con voz baja y autoritaria, mie