Armando
Un molesto ruido provoca que me caiga de la cama, mi celular suena a punto de explotar mis tímpanos, por suerte Carime duerme como una jodida piedra. Me levanto del piso, recojo el móvil y antes de contestar se corta la llamada. Maldición, es una llamada de David.
Observó la hora en la mesita, son más de las diez de la mañana.
—¡Es tarde!—exclame entrando a tomar una ducha, se me había olvido que teníamos un asunto pendiente. Le devolveré la llamada.
Por goloso me pasa todo esto, creo q