Observo al despreciable del que un tiempo creí que era mi
padre. Su mirada es de pura maldad, mientras me mira con burla.
—Hola adorada hija, por lo menos te di estudios así que al menos salúdame—Dice el asesino, lo ignoro y camino lejos de él, Miguel se acerca y le habla.
—Jorge, Carime no para de sangrar supongo que hay ropa en esta casa o comida, ella necesita alimentarse—Jorge ríe y nuevamente observo a los dos.
—De ustedes ni una pizca de arroz metería a mi boca. No soy estúpida quizás de