Armando.
Su cuerpo delgado pegado al mío provoca, varios deseos inapropiado de querer hacerla mía una y otra vez. No recuerdo a qué hora entre a dormir junto a mi esposa... M*****a sea, porque no puedo contenerme, debo ser indiferente a ella y mostrarle el monstruo que soy.
—Bue, Buenos dias—musito restregándose los ojos.
—Buenos días— respondi molesto.
Carime se levanta dirigiéndose al cuarto de baño, su rostro luce pálido y sus ojos rojos se nota cansada como si no hubiera conciliar el su