Capítulo 51 — Sombras y resplandores
El regreso a la mansión fue silencioso, pero no por falta de palabras, sino porque cada uno estaba inmerso en sus propios pensamientos. Anastasia observaba por la ventana del automóvil, con la mente revuelta entre la calma y la tempestad, mientras Vera la miraba de reojo con una mezcla de agradecimiento y preocupación. Ludmila, aunque fingía tranquilidad, no dejaba de acariciar su mano, como si quisiera asegurarse de que seguía ahí, viva y entera. Anastasia