Capítulo 19 – El silencio y la soledad
El tiempo en el convento parecía no pasar, como si las paredes frías hubiesen devorado el tic-tac de los relojes. Tras el enfrentamiento con la madre superiora, Anastasia y Vera habían sido arrojadas nuevamente a la celda de castigo, esta vez sin límite de días, sin explicación, sin más compañía que las ratas que corrían entre las piedras húmedas y el eco de su propia respiración.
El silencio pesaba como una lápida, y la soledad era un látigo que se clavab