Capítulo 49 — El instinto de una abuela
Los días en la mansión habían comenzado a sentirse distintos con la presencia de Ludmila Petrova. Su risa contagiosa y su energía desbordante llenaban cada rincón sin lugar a duda, desarmando la tensión que siempre reinaba en aquel lugar.
Una mañana, mientras Anastasia tejía distraída en la sala, luego de que Rudi me hubiese enseñado unos trucos. Ludmila la observaba con los brazos cruzados, una ceja arqueada y ese gesto inquisitivo que le recordaba demas