YELENA
Llevaba una semana entera con la mente agitada. Sin paz. Sin tranquilidad. Solo Tristan.
Estaba presente en todos mis pensamientos, incluso cuando no estaba aquí. Su voz, sus ojos, la forma en que me miraba como si aún le perteneciera. Como si pudiera extender la mano y recuperarme.
Y no dejaba de decirlo.
Eres mía, Yelena.
Mía.
Como si no hubiera sido él quien me alejó. Como si no se hubiera divorciado de mí, me hubiera usado, me hubiera roto y se hubiera marchado como si yo no fuera má