YELENA
La noche había caído, espesa y pesada, como una cortina de terciopelo que oprimía la ciudad. Le había prometido a Lena... que por fin podría correr. Por fin podría estirarse, sentir el viento en su pelaje y saborear la libertad que tanto anhelaba.
Tenía turno de noche en el hospital, pero primero, debía cumplir mi promesa. Me cambié rápidamente, con el corazón latiendo con fuerza y la adrenalina a flor de piel, y me adentré en el bosque que bordeaba el hospital.
El aire olía a pino y tie