YELENA
Me desperté con una opresión en el pecho.
No era exactamente un dolor. Era solo… algo pesado, como si el aire de mi habitación hubiera cambiado mientras dormía.
Por un momento me quedé quieta, mirando al techo. Las cortinas estaban entreabiertas, dejando entrar una luz suave y dorada de la mañana. Debería haber sido cálida, pero en cambio, la sentí fría contra mi piel.
Me llevé la mano al estómago. Ahora estaba más redondo, se notaba y era real.
«Buenos días, cariño», susurré, forzando u