YELENA
En el instante en que los dedos de Jackson tocaron la plata… gritó.
No fue un grito, ni una maldición, sino un sonido crudo y desgarrador que rebotó en las paredes y se me metió bajo la piel.
Nyra le agarró la muñeca con tanta fuerza que la silla a su lado se cayó.
Tristan y yo nos quedamos paralizados un instante. Cuando por fin bajé la mirada, sentí un nudo en el estómago.
La palma de Jackson ya se estaba poniendo roja como un tomate; finas líneas de humo se elevaban de su piel, como s