Yannek:
—¡Eso es mentira!
El viejo Ivanov me mira con expresión calmada, como si mi exabrupto no le sorprendiera para nada.
—Puede que lo sea. No vamos a discutir la veracidad o no de mis palabras, porque entonces, estaríamos anos sentados aqui. Solamente te diré esto, no te casarás con Viktoria.
Me tenso al escuchar su sentencia.
—Mi madre se ha expresado de la forma más inapropiada posible, pero está en lo cierto. Si te casarás con mi hija, los hijos que produzcan serán inmediatamente tus her