Amy:
Por causa del tráfico, el trayecto hacia el aeropuerto nos lleva poco más de una hora. Para mi sorpresa, no vamos al de Madrid; terminamos en una pequeña pista de aterrizaje en medio de la nada, donde nos espera un avión grande. Consigo distinguir las letras escritas en la cola del avión: G650.
—¿Es tuyo? —pregunto cuando Alexis me abre la puerta del coche.
—Sí. —No me mira ni entra en más detalles. Parece que está escrutando los alrededores con la mirada, como si buscara amenazas ocultas