Leonardo se dirige rápidamente a la habitación de su madre, y al abrir la puerta, ve a su padre con los ojos llenos de emoción, sosteniendo la mano de Doña Victoria, quien finalmente ha despertado. Sin poder contener su alegría, Leonardo cruza la habitación y la abraza con fuerza.
—¡Mamá! —exclama Leonardo, sus ojos brillando por las lágrimas contenidas—. No sabes cuánto esperé este momento.
Doña Victoria sonríe débilmente, acariciándole el rostro.
—Hijo… estaba deseando verlos a los dos juntos