El final del día llegó más rápido de lo que yo esperaba. Salí de la empresa agotada, pero con esa sensación buena de misión cumplida. Aún estaba digiriendo todo lo que había pasado.
Las miradas de los compañeros, las sonrisas discretas, el hecho de haber conseguido llevar la reunión adelante incluso con el corazón encogido y la cabeza hecha un lío.
Entré en el coche y me recosté en el asiento por un segundo, soltando el aire despacio. Encendí la radio en cualquier emisora, más por necesitar rui