(Alessandro)
Sentí que algo me golpeaba en la cara. No fue fuerte, pero suficiente para despertarme. Abrí los ojos despacio y me encontré con un piececito diminuto en mitad de mi cara.
Gabriel.
Sonreí. Ese chiquillo tenía un talento innato para dormir de cualquier manera, en cualquier postura. Su cabeza ya estaba girada hacia el lado opuesto de la cama, como si hubiera dado una vuelta completa durante la noche. Era increíble.
Me giré un poco y entonces vi a Larissa quitándole el pie con mucho cuidado, como si estuviera hecho de porcelana. Y incluso allí, con el pelo despeinado, la cara aún un poco hinchada de sueño... estaba preciosa. De una manera que me dieron ganas de congelar el tiempo solo para quedarme más tiempo allí.
Me quedé observándolos un momento. Era surrealista. Mi hijo allí, tumbado entre nosotros. Y ella, la mujer a la que destrocé y que ahora, por algún milagre, me estaba permitiendo reconstruirlo todo.
Suspiré, sintiendo un buen nudo en el pecho. No era solo por el s