Desperté con un leve cosquilleo en el estómago. ¿Sabes cuando el cuerpo se despierta antes que la mente, pero en cuanto la mente recuerda lo que pasó la noche anterior… todo se desata?
Pues eso mismo.
El beso, los abrazos, la forma en que Alessandro me miró, me habló… parecía otro hombre. Y lo peor —o lo mejor— es que le creí cada palabra. Pero todavía era pronto para saber si ese cambio sería para siempre.
Aun así, sentía el pecho más ligero.
Me puse una sudadera, recogí el pelo como pude y fu