Estaba sentada en la cama del hotel, perdida en mis pensamientos, cuando escuché un golpe en la puerta. Me levanté con cautela, curiosa por ver quién podía ser a esas horas de la noche.
Al abrir, me sorprendió encontrar a Chiara al otro lado, forzando una sonrisa.
—¿Qué haces aquí? —pregunté, con la voz cargada de sorpresa y desconfianza.
Ella se encogió de hombros, intentando parecer despreocupada.
—Solo quería hacer compañía. ¿Puedo entrar?
Hesité un momento, sintiendo un nudo de incomodidad ante su presencia. Sin embargo, antes de que pudiera responder, Chiara ya estaba empujando la puerta y entrando en la habitaci