Ava Davis.
Mi Alfa se negó a escuchar mis explicaciones y mucho menos tuvo piedad de mis súplicas.
Me asomé por la ventana y había dos guardias al pie de mi ventana.
“¿Cómo se atreve a dudar de mí?”
—Aprenderás por las malas a no meterte con mi padre. —Gritó con rabia.
Mi corazón se rompió con sus palabras de desprecio.
—Mi amor,escúchame ¡por favor!
La voz que me respondió fue la de Javier, uno de mis escoltas.
—Alfa,Alessandro se ha marchado a la clínica,parece que el estado del señor se ha