Ava Hills.
Deja la tristeza, hija —me decía mi padre mientras caminábamos por las calles empedradas de Roma.
Era un día soleado y despejado, y el bullicio de la ciudad era un recordatorio constante de que la vida seguía adelante, incluso cuando yo sentía que mi mundo se había detenido.
La belleza de la capital italiana me rodeaba, desde las majestuosas columnas del Panteón hasta la grandiosidad del Coliseo a lo lejos.
Era una ciudad llena de historias, pero en ese momento, todas las mías parecí