Voy a mi cuarto y me siento en la orilla de la cama, todavía sigue impregnado el viejo aroma de Reese, definitivamente es muy diferente a lo que emana ahora, antes su olor era... agradable, al menos para mí. Me levanto de mi lugar y camino hacia su ropero, saco una de sus camisas y la estrujo contra mi pecho, hundiendo mi nariz en ella, extraño sentir ese olor.
La noche cae y no me siento segura de tenerlo en casa, pero tampoco puedo decirle que se vaya a otro lado, además, tengo que esforzarme