¡Sus ojitos celestes se abrieron de par en par ante la sorpresa!
¡Connie quedó boquiabierta al ver esa lluvia carmesí!
Aunque por supuesto… No era lluvia en lo absoluto. Era el rojo vívido de la sangre de esos lobos de la manada "Garra Dorada".
La pequeña se puso de pie, sus rodillas le dolían, y estaban sangrando, su cuerpo temblaba de cansancio y sus mejillas estaban húmedas por las saladas lágrimas que no cesaban.
Haciendo sus pequeñas manitas en puños, y un puchero, Connie corrió h