Alfa Rezef la agarró de las pantorrillas, levantando las piernas de Maray lo suficiente. Ella confundida se perdía en la mirada deseosa de ese Alfa, hasta que sintió de golpe la primer embestida, cuando él sin piedad la penetró.
Reina Maray no pudo evitar soltar sus gemidos uno tras de otro, a la vez que él continuaba como si estuviera fuera de sí explorando a fondo su húmedo interior.
Veía la expresión de ese Alfa, esa de excitación mientras los mechones oscuros de su cabellera negra caía