—No. —Mi respuesta fue simple y firme.
Vivian me miró atónita. —¿Qué?
—Ya no lo amo —dije con calma, mirándola—. Para nada.
El cuarto quedó en un silencio absoluto.
De repente, Vivian rompió a llorar, las lágrimas surcaban su rostro.
—¡No lo entiendes! ¡No se trata solo del puesto de alfa! —Sollozó—. ¡El Consejo de Ancianos dijo que si la manada es destruida, Elías será desterrado para siempre! ¡Perderá todo territorio y se volverá un lobo forastero!
El rostro de Elías se volvió aún más pálido.