Me quedé suspendida en esta dichosa oscuridad durante lo que me parecieron horas. Nada podía tocarme aquí, ni el peso del agotamiento que me tiraba hacia abajo, ni la agonía que me apretaba los músculos y los huesos.
Era un alivio temporal, pero una cosa sobre eso es que nunca duran demasiado.
Al principio, todo empezó con pequeños destellos. Una ráfaga de luz aquí y allá, un parpadeo de dolor, un susurro de voces fuera del alcance de mi mente.
Con el tiempo, esos destellos se volvieron má