Esto era malo.
La batalla ya no se desarrollaba en las afueras de la ciudad, no con nuestra falta de números y el arsenal de armas de las brujas.
Muchos de los vampiros de aquí no eran guerreros endurecidos, sino familias sin hogar, desesperadas por un lugar seguro donde criar a sus hijos y verlos crecer. Como Asher y yo nos negábamos a obligar a alguien a luchar, por miedo a que los mataran y los separaran de sus seres queridos, eso nos dejaba en gran desventaja.
Deacon había tenido razón