"Uy, que ricos son". El gemido de Cassidy sonó desde la cocina, seguido de la risa de Breyona.
Entrecerré los ojos por el sol de la mañana que se asomaba a través de las cortinas y caminé por el pasillo. Capté fragmentos de su conversación a medida que me acercaba.
“¿Sí, verdad? No lo conoces, pero es la receta de un vampiro gruñón llamado Tristan. Me tomó días descubrir cómo hacerlos, ya que siempre se quejaba cuando le preguntaba”. El chisporroteo de algo cocinándose en una sartén siguió a