Capítulo 259. Frío salvaje.
—¡Todos al agua! —gritaron desde la cubierta, mientras los cuerpos caía unos tras otros.
Salomé no estaba en mejores circunstancias, porque el mar acaparó todos sus sentidos. Entró por sus oídos como agujas heladas, un frío tan violento que parecía perforarle el cráneo desde dentro. El sonido del mundo desapareció al instante, sustituido por un zumbido sordo, profundo, como si la hubieran encerrado dentro de una campana de acero. Su nariz ardió. La garganta se cerró por reflejo. El agua era sa